Lunes, 10 Julio 2006
Jul10

Y si Marín no se va, ¿qué pasa?

Aunque muchos ya se adelantan a suponer que el informe de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) sobre el caso de la periodista Lydia Cacho Ribeiro será contrario al gobernador Mario Marín Torres, y que éste tendrá que renunciar, por lo que en Puebla habrán de celebrarse elecciones extraordinarias para nombrar gobernador sustituto, me parece que ese escenario aún es lejano.

 

No digo que ese escenario sea imposible, ni tampoco que esté fuera de la realidad; simplemente que para cumplirse aún faltan varias cuestiones, tanto en el terreno legal como político.

 

Una es el propio informe de la Corte, que posiblemente salga esta o la próxima semana, una vez que la comisión integrada por los magistrados Óscar Vázquez Marín y Emma Meza Fonseca ha concluido su investigación. Luego, que los ministros del máximo tribunal del país resuelvan que el gobernador Marín y/o los funcionarios dependientes de él, como la procuradora Blanca Laura Villeda Martínez, violaron los derechos fundamentales de la periodista Lydia Cacho.

 

Adicionalmente hay que esperar que el informe sea remitido al Congreso de la Unión y que la Cámara de Diputados se erija en Juzgado de Procedencia, lo que no se ve fácil, considerando que la LIX Legislatura —que está por concluir su gestión— continúa en receso y sin la mínima intención de celebrar un periodo extraordinario de sesiones antes del 31 de agosto.

 

Dicho en otras palabras. El informe solicitado por el Congreso de la Unión a la SCJN será conocido por la Legislatura entrante, que formalmente entra en funciones el 1 de septiembre, con el sexto y último informe del presidente Vicente Fox Quesada.

 

Pero más allá del procedimiento legal, está el contexto político.

 

El informe de la Corte sobre el caso Lydia Cacho habrá de emitirse en un ambiente de confrontación e incertidumbre postelectoral, pues el candidato presidencial que ganó los comicios, el panista Felipe Calderón Hinojosa, lo hizo por apenas de 250 mil votos de diferencia, es decir por 58 décimas, sobre su más cercano contendiente, el perredista Andrés Manuel López Obrador, quien además de desconocer el triunfo de aquél, lo impugnó ante el Tribunal Electoral.

 

Otra cuestión que también flota en el ambiente es que la pírrica victoria de Felipe Calderón en Puebla y otros estados del norte del país contó con la complicidad de algunos gobernadores priístas. Las grabaciones exhibidas por la gente de López Obrador durante la concentración del sábado en el zócalo de la ciudad de México, entre la lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo, el secretario de Comunicaciones y Transportes, Pedro Cerisola, y el gobernador de Tamaulipas, Eugenio Hernández Flores, alientan aún más esta sospecha.

 

Si el gobernador Marín “pactó” con Felipe Calderón o con el secretario de Gobernación federal, Carlos Abascal Carranza, la inmovilidad del PRI el día de la jornada electoral, ¿qué fue lo que negoció el gobernador? ¿Acaso su permanencia al frente del Ejecutivo estatal?

 

Por las evidencias disponibles, creo que el informe de la Corte será desfavorable al gobernador Marín, aunque no al grado de que tenga que renunciar al cargo. Recibirá, usando sus propias palabras, un coscorrón del máximo tribunal del país, una amonestación pública, que buscará paliar con la remoción de la procuradora Blanca Laura Villeda.

 

De parte de Felipe Calderón y la dirigencia panista no se perciben actitudes encaminadas a agilizar la salida del gobernador; en parte, supongo, porque en la actual coyuntura nacional no sólo prefieren a Marín como aliado, así sea con su pobre legitimidad, sino porque en una elección extraordinaria, un recién llegado al partido, un advenedizo como Rafael Moreno Valle, podría comerles el mandado.

 

Marín, de cualquier forma, quedará en una situación de fragilidad tras el fallo de la Corte, frente a la cual tendrá dos alternativas: una, relanzar su administración, apelando a una segunda oportunidad y, dos, tratar de llegar al 1 de febrero para evitar, en un escenario adverso y de confrontación con sus críticos y opositores, una elección extraordinaria.

 

En este segundo escenario, es obvio que el gobernador trataría —con el apoyo de la mayoría priísta del Congreso del estado y quizás con el aval de Felipe Calderón— que uno de los suyos concluyera su periodo de gobierno.

 

Como quiera que sea, el futuro de Puebla no es halagüeño, pues el gobierno en lugar de ocuparse en cómo detonar el desarrollo de la entidad está entretenido en cómo salir más o menos librado del vendaval que lo mantiene en el marasmo político.

 

EN CORTO

Aunque el presidente municipal Enrique Doger Guerrero ofreció que no se abrirían más bares en las inmediaciones de Ciudad Universitaria, le anticipo que en los próximos días será inaugurado un nuevo antro denominado Guaguanko, en la 22 Sur 6122, en la colonia San Manuel, a unos pasos de otro llamado La Guajira que tiene a los mismos dueños, muy ligados por cierto a un nuevo junior de la política poblana. En su afán de garantizar el éxito del Guaguanko, los inspectores del ayuntamiento han comenzado a hostigar a otros establecimientos de su mismo giro.